Los sueños de la arquitectura
En Dubai, Skidmore, Owings& Merril, construyen la torre más alta del mundo. Metros y metros, cientos de pisos, toneladas de hormigón y acero.....
Un esqueleto áspero, escamoso, de bestia del desierto, medieval. Luego lo revestirán con vidrios brillantes. Como los Alien de las películas, debajo de la satinada piel, el monstruo ingobernable.
Un esqueleto áspero, escamoso, de bestia del desierto, medieval. Luego lo revestirán con vidrios brillantes. Como los Alien de las películas, debajo de la satinada piel, el monstruo ingobernable.
Son estos los únicos sueños de la arquitectura de este siglo? O es sólo la maldición americana del más y más, del sistema métrico reemplazando al sentido?
Siempre sentí que la vida florecía en las ciudades, donde la experiencia de la diversidad es más rica.
Siempre sentí que la vida florecía en las ciudades, donde la experiencia de la diversidad es más rica.
Y las ciudades nacieron, cuando cayeron las murallas medievales, empujadas por las políticas que desarmaron las facciones en pugna, por las universidades que rompieron el cerrojo intelectual impuesto por la iglesia y por los tremendos boquetes de la pólvora, en manos de los artilleros científicos (Giambattista Tartaglia, qué bello nombre).
Una sola entrada, perfeccionando la muralla medieval, disminuye las debilidades, mantiene afuera a los canudos, sólo que Bin Laden ya descubrió (quizá porque no es occidental), que no hace falta entrar por la puerta.
El castigo a la soberbia de Babel fue la confusión. El del sinsentido es el tedio.
No imagino nada más pobre que vivir en esas torres. Quién podría caminar por esos pasillos idénticos cientos de veces, sacando una foto para poder contar que estuvo allí? Dónde aparecería de repente la Fontana de Trevi? Dónde veríamos despuntar a lo lejos una cúpula? Y un beso en el recodo de un callejón? Dónde se perdería un flanệur de 1930, fascinado por las imágenes cambiantes y superpuestas? Moriría de aburrimiento. Uno, dos, cuatro, diez, treinta y siete, cien, N a la ciento sesenta lugares iguales. Pura ausencia
Estos romanos están majaretas.
Una sola entrada, perfeccionando la muralla medieval, disminuye las debilidades, mantiene afuera a los canudos, sólo que Bin Laden ya descubrió (quizá porque no es occidental), que no hace falta entrar por la puerta.
El castigo a la soberbia de Babel fue la confusión. El del sinsentido es el tedio.
No imagino nada más pobre que vivir en esas torres. Quién podría caminar por esos pasillos idénticos cientos de veces, sacando una foto para poder contar que estuvo allí? Dónde aparecería de repente la Fontana de Trevi? Dónde veríamos despuntar a lo lejos una cúpula? Y un beso en el recodo de un callejón? Dónde se perdería un flanệur de 1930, fascinado por las imágenes cambiantes y superpuestas? Moriría de aburrimiento. Uno, dos, cuatro, diez, treinta y siete, cien, N a la ciento sesenta lugares iguales. Pura ausencia
Estos romanos están majaretas.

