sábado, febrero 24, 2007

Don Hernández

Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos en espléndidas ciudades. Arthur Rimbaud

Noventaypico, mi vecino de la planta baja, pulcro y galante como pocos.
Lector permanente de Bakunin , Proudhon y Malatesta.No faltaba a ninguna charla de Osvaldo Bayer y aún intercambiaba libros con Silvia y Antonio.
Cuando nos encontraba en el pasillo, le gustaba hablarnos de lo inevitable de la Revolución, que aseguraba no vería, pero sería para todos por igual.
Supe por Lilia que formó parte de la Asamblea del barrio cuando el “que se vayan todos”. Lúcido y hermoso viejo, no confundía su artrosis con la marcha del mundo.

Hace algo más de un mes se fracturó.Fue internado.
Hoy me asomé y las plantas de su patio ya no están.
Don Hernández se fue. Y la Revolución vendrá porque es la única manera de vivir con decencia en esta gota absurda del Big Bang en que estamos.

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