viernes, diciembre 01, 2006

1 de Diciembre

Nunca estuve en Damasco, pero ellos si.
Y me enseñaron de ese mundo abandonado, lastimado, desesperado. De esa ciudad del dolor. De pelear calle a calle y minuto a minuto, caer y levantarse, llevar un ojo apuntando siempre al corazón. De perder de la esperanza. De los dedos señalando y el silencio.

Pero allí están.
Amados y magníficos, regalándose como si fueran ricos, enamorados como tontos, dueños de las palabras que brillan en mi propia vida.

No hay comentarios.: