La primavera me esperaba desde hacía varios días.
En mi ventana florecieron unos ojos amados, pese a mi descuidada ausencia.
Lilia y un hombre enamorado.
Hablar al sol con Roberto sobre la voz de Tom Jones. Sólo por hablar. Sólo por estar al sol
En la feria callejera, la pescadora, una muchacha con cara de gitana y su hermano reían mientras despachaban. Reían seguros, como si supiesen algo que los hiciera poderosos y más fuertes que el resto. No pude resistirme. Tampoco a los jazmines del país ni a las peruanas, de la más fina y risueña arcilla, entre furiosos ajíes y el fresco de las hojas. Uno no es suficiente cuando la vida fulgura de esa manera.




