EL PEINE DE LOS VIENTOS . Chillida. Foto de Lampernas2.0
Ayer vinieron, a ver el avance de las obras de su casa, C y J, con Manuela en brazos. Rubia, hermosisíma y llena de risas. Esa debe ser la felicidad, así de despojada, creo.
Y me pregunté por qué tuve que aprender, paso a paso, laboriosamente, la felicidad de un rayo de sol sobre la piel, de la asfixia de un morado tornasol, de las agujas del frío en la piernas mientras corro, de poner el cuerpo tras los ojos y seguirlos, de una palabra entreoída, de esas obras que ningun arquitecto firmaría, que ningun arquitecto firmó, las que sólo pudo hacer el tiempo, la Catedral de Monreale ese brillo agónico, tal deslumbrar, unos rasgos dibujados, pura línea sin mancha ni error. Un cuerpo que encuentra a otro cuerpo, cuando van por el centeno.
Debo haber empezado a aprender desde muy atrás, con mucho retraso.
Será que me faltan muchas reencarnaciones?
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